La gestión de uno mismo en el marketing político: más allá del lenguaje no verbal
El lenguaje no verbal: importante pero insuficiente
En época de elecciones abundan los cursos y asesorías sobre imagen y lenguaje no verbal. Los candidatos corren a buscar media coaches que les digan cómo moverse, cómo sentarse, con qué tono, intensidad y timbre hacer sus declaraciones… Organizan focus groups para evaluar distintos colores de corbata, diferentes estilos de vestimenta, poses y posturas. Enfatizan no sólo el contenido de sus mensajes sino ante todo la manera de transmitirlos.
Cosas todas importantes -pero también insuficientes.
Porque los media coaches operan sólo “desde fuera“, modificando únicamente los gestos, indumentaria y tono de voz del candidato. Pero descuidan lo que ocurre “dentro” de él mientras hace su trabajo. Y esto es crucial: pues como sostengo en otra parte, la acción casi siempre sigue a la atención. O sea, lo externo está controlado por lo interno.
Así, un candidato que ha aprendido únicamente a comportarse según el guión de sus asesores se queda indefenso en cuanto la situación se sale de lo planeado. Una pregunta inesperada, un movimiento no ensayado traicionan sus verdaderas emociones: se le nota inquieto, preocupado, irritado, agobiado, asustado… Emociones negativas que se filtran a su lenguaje no verbal y se contagian a la audiencia, contaminando sus ideas y anulando su atractivo.
La única manera de afrontar estas situaciones es saberse gestionar a uno mismo: ser capaz de manejar las propias emociones y sentimientos más allá del lenguaje no verbal. Un arte difícil pero imprescindible si se quiere llegar lejos en el liderazgo y la política. Continúa leyendo »
Que emociones como la ira, la tristeza o el miedo se contagian es sabido desde siempre. Pero lo que descubrió Barsade, y lo verdaderamente fascinante de su trabajo, es que no sólo se contagian las emociones negativas: por el contrario, la alegría y el optimismo también son “altamente infecciosos” y se reparten a toda velocidad entre los colaboradores modificando los estados de ánimo y favoreciendo la flexibilidad, la objetividad y la competencia. 

La investigación en ciencias sociales se divide, tradicionalmente, en “cuanti” y “cuali”. Lo “cuanti” se ve como riguroso, de amplia aplicación, muy generalizable y global: son “datos duros” -pero “poco profundos”; algo así como “mera opinión”. Lo “cuali” es profundo: se supone que da cuenta de las motivaciones básicas del entrevistado. Pero es más “fluido”, menos riguroso y poco representativo. Además, suele venir contaminado por las percepciones y prejuicios del investigador -que es quien interpreta las frases de los asistentes a sus entrevistas o grupos focales.

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